Saturday, April 21, 2007

Pop goes the World

El mundo floreció en los 1980; en el arte, en la cultura, en mi vida... mis influencias importantes vienen de esos tiempos.

Nací en 1978, así que los años 80 fueron mi campo de sueños y juegos. Los recuerdos de esos tiempos son increíbles y coloridos.

Vivíamos en un sistema solar con un noveno planeta llamado Plutón. Vivíamos en el supuesto que Judas había traicionado a Jesucristo y que María Magdalena había sido una mujer pecadora. Había niños en Rusia que soñaban con conocer el mundo y la posibilidad de viajar fuera de su país. Había un país en Europa, llamado Alemania, en el que había un largo muro que dividía el alma de sus habitantes. Vivíamos en la era supersónica, había vuelos comerciales que superaban la velocidad del sonido; y el Concorde viajaba a México.


¡Qué tiempos aquellos! Eran tiempos en los que Kevin Costner era mi héroe en la película de Los Intocables. Y cada vez que podía, obligaba a mamá a rentar la película de El Llanero Solitario en el Videocentro donde rentábamos películas los fines de semana.

La música era magia en esa época, sólo ahora puedo darme cuenta de ello, porque ahora la música carece de esa substancia y de esa energía. MTV era un lugar repleto de las locuras de Andy Warhol... y se respiraba un aire especial en ese entonces.

A mi parecer, la música de inicios del siglo XXI (como muchas otras artes, oficios y profesiones) se encuentra en crísis. Hace falta armonía, pues sólo queda un eco de ruido.


Los sintetizadores reinaban en los 80. Todo mundo experimentaba. Todo mundo hacía música porque quería hacer música y que todo el mundo escuchara esa parte de ellos.

Me encantaban Falco, los Fine Young Cannibals, The Cars, The Bangles, Belinda Carlisle (a la cual no paro de escuchar desde la semana pasada), Bruce Sprigsteen, Bryan Adams, Cindy Lauper, Wham!, Kim Carnes, Peter Gabriel (al cual estoy redescubriendo en estas últimas semanas), The Police (a los cuales estoy revalorando), Paul Simon, Sheena Easton, Starship, Tony Basil, George Harrison. Esa era la música que se escuchaba en la radio en esos días.

En ese entonces no me importaban los nombres de los músicos, sólo la música. Ahora utilizo esos nombres que no conocía para reencontrarlos y conocerlos más a fondo.


Como había mencionado en un post anterior, hasta ahora he comenzado a descubrir a The Alan Parson's Project y otros...

Una de las canciones más representativas en mi infancia y que me transporta inmediatamente a una vibración especial es 'Pop Goes the World' de Men Without Hats.

Cuando yo era pequeño, había un presentador legendario en la televisión infantil llamado Ramiro Gamboa 'El Tío Gamboín'. Este hombre se presentaba todos los días de la semana en los bloques entre caricaturas y era su presentador; cuando yo lo veía era ya un hombre mayor, de complexión delgada, tenía ya poco cabello en su cabeza y vestía un saco rojo adornado con parches multicolores con diversos motivos de mascotas de fantasía. Todos los niños de México lo conocían como 'Tío' y todos éramos sus sobrinos. Él podía ver a través de la televisión si habías sido un buen niño y contaba con una extensa colección de juguetes que compartía a través de la pantalla con todos en casa. Una de sus mascotas se llamaba 'Salchichita' y otro de los muchos de ellos era 'Pacholín'.


Durante muchos, muchos años, casi toda mi infancia pude escuchar al 'Tío Gamboín' presentar las caricaturas de la tarde escuchando 'Pop Goes the World' como fondo, la canción más divertida del mundo. Esto sucedía en XHGC, Canal 5. Ramiro Gamboa murió el 30 de diciembre de 1992 y a la fecha, no ha habido persona alguna que pueda llenar ese hueco dejado por él.

La música no es lo único que ha cambiado a un nivel diferente...


Con palabras, sólo puedo describir a la música a través del color. Para mí la música es una explosión en armonía. Todo es música es todo.

Mi infancia estuvo repleta de muy buena música y mucho, mucho jazz. El espíritu de los 80 se quedo grabado en mi espíritu y lo llevo conmigo todos los días. Aún siento esa frescura y espontaneidad de juventud en todo lo que hago, y todo hace -POP-, como una onomatopeya.

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